Araceli Soní Soto

Teoría de la recepción. Fundamentos teóricos y metodológicos

In Hermenéutica, Literatura, Teoría de la recepción, Tesis on 23 agosto 2009 at 6:51 PM

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Durante los últimos cuarenta años se han publicados numerosos trabajos sobre la recepción,[1] y a pesar de este manifiesto interés siguen vigentes un conjunto de problemas que es necesario revisar con el objetivo de conocer el estado actual de la investigación y sus avances. En este momento, aún no se aclaran del todo los fundamentos teóricos y metodológicos de la teoría de la recepción;[2] por lo tanto, es pertinente dar cuenta de ellos, e incursionar en los aspectos todavía no resueltos. Algunos intelectuales como Uwe Hohendahl (1987), Peter Bürger (1987) y el propio Hans Robert Jauss (1993a) han teorizado sobre sus principales problemas y tesis, de los cuales nos ocuparemos en el presente trabajo. A partir de esto, se podrán formular futuras investigaciones destinadas a resolver algunos de los problemas fundamentales.  Para  dar mayor claridad a la exposición, se enumerarán cada uno de éstos y se analizarán de acuerdo con las posturas presentadas por los diferentes teóricos.

1. Un primer problema que salta a la vista consiste en que la estética de la recepción no es actualmente ni una disciplina ni un método, sino un cúmulo de teorías y enfoques distintos que tienen en común el ocuparse de la recepción y el efecto de la literatura. A causa de este problema, algunos de estos estudios se han enfocado a la aplicación de algún concepto,[3] de los muchos que se crearon con fines de llevar a cabo aplicaciones analíticas del fenómeno. Dentro de este tipo de trabajos podemos citar “El lector en Rayuela” de Anthony Percival (1993) que alude al tipo de lector de la obra estudiada.[4] Otros trabajos versan sobre la recepción a manera de inventario, por ejemplo,“Inventario de la recepción de la literatura latinoamericana en los países del habla alemana” de Dieter Reichardt (1993); muchos más se ocupan del debate sobre la importancia de la recepción, o bien sobre el viraje que debe darse a la historia de la literatura.[5]

Observamos al mismo tiempo que los estudios sobre recepción tienen puntos de partida muy divergentes, que van desde la semiótica, como en el caso de la teoría de Umberto Eco sobre la obra abierta,[6] los de comunicación y sociología como los de Hans Ulrich Gumbrecht, [7] los de marxistas como el de Bernhard Zimmermann,[8] entre otros; cada uno de éstos tiene sus propios objetivos y no siempre se han dirigido a la recepción literaria. No obstante, el debate científico sobre la función del lector, aspecto central de la teoría receptiva, se ha desarrollado de manera importante a partir de los años sesenta. Hans Robert Jauss (1993b) nos habla de un cambio de paradigma en la ciencia literaria[9] a causa de la insuficiencia del método formalista de análisis dela obra, y de una renuncia a ocuparse de las condiciones sociales o de la negación de los aspectos extraestéticos.[10]

La actual ciencia literaria rechaza la metodología histórica en el sentido de la recapitulación de datos, los análisis exhaustivos de los textos, las interpretaciones en  sentido unilateral, y propone una ciencia hermenéutica que ayude a una comprensión profunda de la obra tomando en cuenta el contexto social y las condiciones particulares de la recepción. La interpretación como nuevo paradigma sobrepasa a la literatura, ya que los mismos o parecidos problemas se observan en la filosofía, en la educación, en la comunicación, en la psicología, y conllevan las ventajas y desventajas de ser teorías recientes: un alto grado de innovación por un lado y falta de métodos y resultados seguros por otro. [11]

2. Otro de los problemas a los que se enfrenta el conjunto de estudios dedicados a la recepción lo constituye el hecho de que el receptor se ha considerado tradicionalmente dentro de la denominada sociología empírica del arte. Así, teóricos como Alphons Silberman han señalado “… la obra de arte es hecho social sólo en la medida en que tiene efecto, restringiendo la noción de efecto a lo que se puede determinar con procedimientos cuantitativos de análisis empírico” (Bürger, 1987: 178). Notemos que esta aseveración tiene como base el pensamiento de marxistas, tales como Theodor Adorno y Max  Horkheimer, para quienes el arte es producto de una industria, la industria de la cultura. Desde este punto de vista, el comportamiento del receptor es pensado según el modelo del consumidor, suponiendo que éste elige mercancías, en este caso de arte.

En sentido mencionado, cuantificar los efectos a favor de la objetividad científica presenta para la nueva teoría uno de sus problemas fundamentales en cuanto a la exclusión de los juicios valorativos, pues  éstos se producen en el ámbito de la recepción y es muy difícil medir los efectos generados en los receptores. Las formas cuantitativas de medir el impacto de mensajes, generalmente han sido de utilidad para la publicidad y la propaganda, con el propósito de incidir de forma eficaz en la dirección de los mensajes de la industria cultural con fines de venta. Para la medición de juicios de valor en obras literarias estos métodos han presentado limitaciones, a causa de la subjetividad inherente a los mismos; no obstante, se han llevado a cabo algunos intentos.

En los estudios de la relación recepción y valoración con el fin de investigar los aspectos tanto internos como externos de los juicios estéticos participan algunos autores como Peter Conrady, Norbert Groeben, Hans Leuschner, Bernhard Zimmermann, Eberhard Frey, Egon Schwarz. Este último clasifica al público lector en grupos de gusto, a fin de explicar los valores de acuerdo con sus condiciones sociales de producción; en otras palabras, trata de observar las relaciones entre cambios literarios y sociohistóricos. De acuerdo con el autor, esta relación se observa en el lector [tipo y grupo] como categoría mediadora entre literatura y sociedad.

Por otra parte, Hans Leuschner proyecta un modelo de teoría de la comunicación que describe los procesos de valorativos dentro de un sistema de normas estéticas. Eberhard Frey, con la misma pretensión, busca una concepción objetiva de estos juicios literarios a través de la lingüística, a fin de obtener una correlación de estadísticas textuales y estadísticas de recepción, mediante las cuales se aclare los efectos producidos en determinados grupos de lectores, por ejemplo, los elementos de forma que los producen. La recepción así entendida ya no se basa en apreciaciones intuitivas del crítico e intérprete, sino que se propone hacer objetivas las normas estético – literarias según rasgos de grupo, por ejemplo, nivel de formación, profesión, sexo, posición social (Hohendahl, 1987: 34).

La postura fenomenológica manifiesta escepticismo respecto a los enfoques mencionados, ya que impiden explicar el fenómeno de interacción entre el texto y las relaciones humanas; por lo tanto, señalan algunos marxistas, se restringe la comprensión histórica, así como la práctica en el sentido de valoración de la obra. Al respecto, la teoría literaria empírica propuesta por Norbert Groeben plantea la exigencia de que la ciencia literaria obtenga  una base de datos, mediante la cual se asegure una valoración científica intersubjetiva.[12] De esto se desprende que existe un interés común y distintas posturas, así como una creciente motivación por las investigaciones empíricas que se ocupan de la recepción literaria y de la práctica valorativa (Hohendahl, 1987:35).

3. Otro asunto a considerar como fundamental por la estética de la recepción lo constituye su visión respecto a que el texto literario es un universo de sentidos que no están disponibles en todo momento, sino que cada lector los determina de manera concreta de acuerdo con su horizonte previo. A diferencia de la concepción tradicional que daba como válidas las interpretaciones unilaterales de las obras, la actual teoría plantea que el texto ofrece un “oferta”[13] de significados con el fin de analizarlos; se trata de llevar a cabo el análisis de las diferentes posibilidades de significación que ofrece un texto a sus potenciales lectores.

El estudio de una obra o de un conjunto de obras desde este enfoque, considerado por la teoría de la recepción, indicaría, por ejemplo, que las obras de la escritora Elena Garro, se tienen que analizar de acuerdo con las diferentes posibilidades significativas que subyacen en el texto, e indicar los caminos hacia los cuales se pueda dirigir la interpretación. Las opciones podrían encauzarse hacia aspectos artísticos dependiendo del caso, tales como la metaficción, el estilo detectivesco de su escritura, o bien, deducir los planteamientos sobre la emancipación femenina, las posturas acerca de los indígenas, la guerra de los cristeros, etcétera. Una interpretación tradicional buscaría empatía entre la significación y la comprensión, es decir, se buscaría relacionar los signos emitidos por las obras de Elena Garro y una codificación acertada por parte de los lectores. En cambio, este enfoque distingue entre el lector que comprende y el lector que analiza, el primero es objeto de reflexión en la medida en que se haya inmerso en la estructura textual [lector implícito], y el segundo, lleva a cabo la práctica mediante el análisis. En esta dirección Jauss señala que el lector no es sólo un receptor que registra, sino un individuo para quien la literatura es una experiencia de vida (Hohendahl, 1987:36).

4. Otro de los problemas centrales que se plantea la teoría de la recepción se refiere al tratamiento histórico del fenómeno literario, objeto de primordial importancia para Jauss. La actual teoría literaria debe preocuparse por el modo que actúa el público frente a las obras que van apareciendo a lo largo de la historia y registrar cómo influye éste en la orientación de la producción literaria. El poeta César Vallejo a la vez que creador, formó parte de un público o de una comunidad de lectores de libros y revistas en un ambiente tradicional de provincia que indudablemente se reflejan en su producción. Vallejo cita en sus poemas a Rousseau, Kant, Hegel, Feuerbach, Marx y lleva a cabo referencias al lenguaje científico. Jean Franco (1989, 576) señala que sus estudios médicos junto con el darwinismo le dan una visión del mundo gracias a la cual cuestiona la identidad y al individuo como valor en sí. El darwinismo, señala Jean, influye en el cambio de su ética del sacrificio y la culpa, por la lucha individual. Este es sólo un ejemplo de cómo un público lector, del cual se nutrió Vallejo incide y dirige el rumbo de su obra, y se puede observar a través de las alusiones a distintos autores, por las referencias escritas en su obra, así como por un análisis del medio social en el cual se desenvolvió el escritor.

La teoría de la recepción necesita de los elementos metodológicos que le permitan saber cómo se ha percibido y valorado la obra en el transcurso de la historia y contar con las categorías descriptivas para detectar de qué manera algún tipo de literatura, o una obra se constituyen en un objeto mediador entre la cambiante actitud receptiva y la influencia de las normas estéticas en el lector de una época. Esto tendría que partir de la necesaria interdependencia entre producción y recepción con instrumentos metodológicos que contribuyan a la solución de este problema. Jauss realiza un aporte importante mediante el concepto horizonte de expectativas estructurado por tres factores: por las normas poéticas propias de cada género literario; por las relaciones que aparecen implícitas en una obra con otras de algún período histórico; por la oposición entre la ficción de la obra y la realidad (Zimmermann, 1987: 41).

Jauss señala que los factores antes mencionados permiten determinar el efecto en un tipo de público si se considera la distancia estética,[14] entre el horizonte existente y la aparición de la nueva obra. Se puede presuponer que las variables indicados por Jauss para la investigación histórica resulten insuficientes para la elaboración de una historia literaria que contemple tanto el efecto como la recepción[15] en un lapso de tiempo, y que haría falta especificar algunas categorías de análisis para cada caso en el momento de la investigación; sin embargo, las premisas de Jauss constituyen una contribución importante en la medida que redimensionan la función social de la literatura, ya que no sólo critica a la historia positivista a modo de recapitulación de datos [obras y autores], sino que pretende superar la recepción superficial basada únicamente en criterios estéticos.

A través del concepto de horizonte considera una estructura de comprensión previa en el receptor que debe incluir, entre otros, la ideología de los lectores. Desde este punto de vista, los resultados de las investigaciones a realizar con la pretensión de arrojar datos “objetivos”, tienen que considerar las predeterminaciones del condicionamiento social que influyeron en la recepción en un momento específico; de otro modo, el texto y la recepción se visualizarían fuera de su contexto social.

En el sentido expuesto, el planteamiento de Jauss le da un cariz muy distinto a la función social de la literatura, a diferencia incluso de los marxistas, cuyas preocupaciones se enfocaban también hacia esos fines, pero que otorgaron al texto la autoridad suficiente para incidir en el lector, quien debía estar consciente de las condiciones de su entorno social. Aún con las aportaciones de Jauss, me parece imposible saber por ejemplo, quiénes han leído al poeta César Vallejo de entre la multitud de lectores potenciales durante los últimos 70 años, qué libros, qué poemas, qué reacciones, qué efectos han producido sus obras y cómo las han valorado sus lectores, ya que en caso de poder contabilizar la cantidad de libros vendidos no nos acercaría a la contestación de todas esas preguntas; existen además, gran cantidad de lectores anónimos de los cuales no podríamos saber siquiera algunos datos acerca de su horizonte previo.

5. Otro de los problemas importantes lo constituye el interés teórico metodológico acerca de la interrelación de tres áreas de interés para la recepción, que como hemos mencionado, por si mismas requerían de un nuevo planteamiento, el problema de la valoración,[16] el problema de la historicidad, el problema de la praxis.[17] En la valoración estética de una obra intervienen factores como el carácter social del arte, la situación del medio artístico, la crítica, la publicidad que se lleva a cabo de una obra, las lecturas previas de una o un grupo de personas, etcétera. Por estos motivos Mukařovský señalaba que el valor estético es un proceso cuya evolución se determina por el desarrollo inmanente de la estructura de la vida social, es decir, la valoración se produce de acuerdo a la situación actual frente a la cual toda obra es valorada. Tal y como señala este autor la valoración estética es un principio muy difícil de aplicar en la vida práctica, pues depende de un sujeto determinado y por lo tanto, cada valor contiene un momento de subjetividad; a veces, la valoración no se deja regir por ninguna regla y depende de la libre decisión del individuo. Por ello, señala, es necesaria la norma en el sentido de regla general que debe aplicarse a cada caso.[18]

En cuanto al problema de la historicidad ya abordado en el apartado anterior, la historia de la literatura sólo en casos excepcionales se ha ocupado de la valoración cambiante de una obra, a causa de la diferente orientación científica de las distintas épocas. La investigación de la obra que se ha desprendido del autor y que actúa sobre el lector en el medio en que vive y evoluciona la literatura no ha tenido la suficiente relevancia, debido a la falta de claridad metodológica para resolver el problema del desarrollo de la obra en el tiempo.

La dificultad en la recepción radica en que la historia no debe dedicarse exclusivamente a la descripción histórica de testimonios externos al texto [éxito o fracaso de las ediciones, apreciaciones estilísticas, etcétera], sino en la orientación cambiante de su esencia, es decir en la percepción de sus valores (Vodička, 1989: 55y ss.). En el caso de la recepción de las obras de Vallejo lo que más nos acerca a la recepción de su obra es el trabajo realizado por la crítica, libros sobre  el autor y su obra, explicación de su estética, relaciones con corrientes literarias, es decir testimonios externos a la obra, pero poco sabemos de los efectos en el receptor de sus obras. Por último, queda tratar la articulación del problema de la praxis junto a los dos anteriores; en este caso, se considera necesario que la práctica se concentre en investigar la vida de una obra en la literatura mediante el estudio de la recepción que surge de la relación activa entre público y un objeto literario aceptado como objeto estético; aspecto que no se ha podido resolver a pesar de la evidente necesidad planteada por esta teoría.

6. El actual planteamiento de la estética de la recepción pretende descartar la tendencia de leer la obra mediante un enfoque psicológico; la nueva teoría debe tomar en cuenta el marco referencial en el que se inscribe la obra y el lector, en otras palabras, se debe considerar el horizonte de expectativas de ambas partes. El horizonte tiene que contemplar el momento histórico de la aparición de la obra, el conocimiento previo del género, la forma en que están escritos los textos, el lenguaje, los valores estéticos predominantes, etcétera (Jauss, 1993a: 57).

Anteriormente el psicoanálisis fue considerado como un instrumento importante para la comprensión de la obra literaria, en el entendido de que la fantasía que lleva a la creación proviene del concepto central de esa teoría, el inconsciente. Charles Baudouin (1976: 9) señala que el arte se mueve en las regiones de la imaginación y la vida afectiva y es la fuente de inspiración e intuición de los escritores, quienes no sólo se rigen por la razón y la conciencia; asimismo, en la literatura aparecen los mitos que se encuentran en lo más recóndito del inconsciente de los hombres y representan una de las creaciones más antiguas de la imaginación humana. El arte a través del tiempo ha permanecido en comunión con el mito, los creadores han abrevado de él y de sus temas y el psicoanálisis nos revela el sentido de una representación remontándonos a los orígenes.

Observemos cómo esta posición enfatiza de manera implícita en los significados del texto, al suponer que los lectores tienen que descifrarlos para la comprensión de la obra. Para la teoría de la recepción esta parte constituye únicamente uno de los polos, el de la producción, pues al margen de los múltiples factores que llevan a un escritor a crear una obra, el lector los recibe de manera diferente y de acuerdo a un conjunto de factores. Nuevamente se plantea la necesidad de considerar no sólo el horizonte de producción de la obra, sino el de la recepción.

7. Las diferentes posturas direccionan los enfoques de las investigaciones, y mientras Jauss y Groeben subrayan la función emancipadora de la literatura, los marxistas Weimann y Zimmerman critican la preeminencia del contexto intraliterario y la subestimación del aspecto histórico social. Hans Leuschner y Conrady hacen notar la falta de aplicaciones, Jauss indica en contra de los empiristas que la recepción y el efecto no siempre se puede investigar mediante pruebas empíricas. El debate sobre los fundamentos de la teoría de la recepción está abierto. Proliferan las voces que colocan la aplicación en primer plano, es decir, aquellas que se preguntan en qué medida estas teorías resultan aplicables a la crítica literaria.

A manera de conclusión

A partir de las principales problemas a los cuales se enfrenta la teoría de la recepción estética planteados en este trabajo, se pueden desprender diferentes investigaciones destinadas a la solución de los mismos. Cada tipo de investigación presentará sus propias dificultades y los procedimientos a seguir se pueden adaptar según los distintos casos. No se descarta el grado de subjetividad de aspectos difíciles de medir, como en el caso de los estudios sobre juicios valorativos por parte de los lectores, y se vislumbra como tarea aún más difícil reconstruir la historia de la literatura con obras aparecidas en otras épocas, de las que se tienen pocos documentos y datos.

En cuanto a la falta de metodologías precisas para estudiar las obras literarias a partir de la teoría de la recepción, se puede contemplar la aplicación de algunos de sus conceptos. Uno de ellos es el de indeterminación. Es decir, a través de la detección de las principales ambigüedades o espacios vacíos en los textos literarios y el análisis de su funcionamiento para la construcción de sus valores artísticos y estéticos de una obra, se podrán detectar un conjunto de posibles formas de leer un texto, si se establece la relación con los aspectos que si se mencionan en la obra. Un estudio cuidadoso de la capa lingüística de las obras nos puede llevar a deducir la multiplicidad significativa de las mismas,  dentro de los parámetros contemplados por esta teoría, tanto en el caso de la obra narrativa como en el de la obra poética.

La aplicación del concepto indeterminación de antemano predice cierto grado de subjetividad en el que influyen la percepción previa de la obra por parte del crítico, el ángulo desde el cual se pretende analizarla y, por supuesto, los conocimientos acerca de la obra y de la teoría literaria; en otras palabras, el estudio de una obra desde esta perspectiva depende del horizonte de expectativas tanto de un lector como de un conjunto de lectores o público. Se considera además, que todos los estudios sistematizados acerca de las obras a analizar contribuirán a una comprensión más amplia y completa de las mismas y que lejos de pretender que uno u otro enfoque sea el más acertado para su comprensión, este tipo de estudios permitirán complementar su entendimiento y tener una visión más completa de las obras.

Obras consultadas

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Reichardt, Dieter (1993), Inventario de la recepción de la literatura latinoamericana en los países de

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Thompson, Jhon B.(1998), “La metodología de la interpretación” en Ideología y cultura moderna,

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Zimmermann, Bernhard (1987), “El lector como productor: en torno a la problemática del método

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[1] El interés por la recepción es más antiguo que este debate y se ha manifestado con otros nombres: investigación del libro, sociología del gusto, hermenéutica, teoría de la narración, investigación del estilo (Hohendahl, 1987).

[2] Me refiero con “nueva teoría” a la teoría de la recepción estética cuyos orígenes se registraron a partir de la conferencia inaugural pronunciada por Hans Robert Jauss el 13 de abril de 1967 en la universidad de Constanza, Alemania, titulada “Historia literaria como provocación” (Jauss, 1987:9). El contenido de esta conferencia aludió a la función de la literatura y a su relación con los textos del pasado, pues hasta ese momento la historia se concibió como una recapitulación de los nombres de las obras y sus autores. A partir de esa fecha, intelectuales como Wolfgang Iser, Peter Bürger, Arnold Rothe entre otros, plantean una manera diferente de estudiar la literatura, ya que antes, este tipo de estudios estuvieron influidos por el estructuralismo, los análisis minuciosos de las obras, la estilística, entre otros; a diferencia de éstos, la nueva teoría contempla el estudio de la obra mediante la participación activa del lector, es decir, a través de la interrelación entre autor, obra y lector o público receptivo. Con esto se amplía el campo de estudio de la teoría literaria en el sentido de que se le otorga una importancia fundamental a la forma de recibir las obras, antes opacada por los estudios inmanentes del texto.

[3] Existe un gran número de conceptos que forman parte de la teoría de la recepción estética, entre ellos destacan, indeterminación o lugares vacíos, referidos a las ambigüedades y a las partes no dichas en los textos; horizonte de expectativas o determinantes que influyen en la recepción como juicios previos, contexto social, medio cultural, etcétera; distancia estética o espacio que media entre el texto y el receptor; lector implícito o tipo de lector que yace en el texto y que puede ser previsto por el autor, entre muchos otros que se han creado para la mejor comprensión de esta teoría.

[4] En este trabajo el autor del artículo mencionado se refiere al lector implícito; concepto teórico creado por Wolfgang Iser, del que trata ampliamente en su libro, El acto de leer, teoría del efecto estético citado en la bibliografía del presente trabajo.

[5] Para una revisión de algunos trabajos realizados sobre la recepción y la lectura, véase En busca del texto, teoría de la recepción estética compilado por Dietrich Rall y editado por la UNAM en 1993, en el cual se aprecia la multiplicidad de enfoques en la materia.

[6] En 1959 Umberto Eco elabora un artículo para la revista Incontri musicali, “La definición del arte”, con base en una conferencia presentada en 1958 en el Congreso Internacional de Filosofía, del cual surge el primer ensayo de Obra abierta, que posteriormente daría origen al libro. Esta primera edición no incluye el ensayo sobre Joyce que después forma parte del volumen. En este momento Eco trata sobre la apertura significativa de una obra, pero se refiere al arte en general y tiene como fundamento la semiología. Posteriormente, el autor, logra articular la semiótica con la hermenéutica para referirse a la importancia que tiene la participación del lector en la lectura de textos.

[7] Gumbrecht distingue entre una recepción normativa de una descriptiva. La primera se ha caracterizado por su orientación hacia la pedagogía de la literatura y la segunda es una contribución a la historia social de la literatura; una recepción descriptiva tiene como determinantes para la construcción del sentido histórico la acción productiva del autor y la acción dirigida a la comprensión del lector. El objetivo es la comunicación estética a través de la interrelación entre estructura social, acción social y actos comunicativos tanto de la producción como de la comprensión. Este planteamiento atañe al campo de la sociología de la comunicación.

[8] El marxista Zimmermann se ocupa de la recepción literaria y, entre otros aspectos, señala la falta de instrumentos metodológicos para abordar el problema de la historia; asimismo, asegura que “sólo desde la aparición de un mercado literario organizado a partir de los principios de la economía burguesa y la materialización de una forma de pensar, se puede constatar la necesidad permanente de mercancías…” El autor se refiere a las obras literarias como mercancías y en esta dirección cree que se puede entender la historia. Piensa que el concepto horizonte de expectativas de Jauss debe sustituirse por un modelo de horizonte de expectativas según estratos; también señala la necesidad de un destinatario como fuerza productiva literaria en lugar del concepto de lector implícito de Iser (Zimmermann, 1987:43).

[9] Jauss (1993b) señala que el primer paradigma de la ciencia literaria surgió del humanismo del Renacimiento de acuerdo con su sistema de normas; el segundo, es el de la revolución literaria del Romanticismo que lleva a norma de estudio artístico la historicidad de las épocas, los estilos, los autores y las obras. Este método fue el de la explicación histórica y dentro de él se ubica la literatura comparada. El tercer paradigma se observa a comienzos de nuestro siglo con el arribo y auge de la estilística; como parte de este paradigma se halla el positivismo que explica la obra literaria en el marco de sus condiciones históricas de producción. Dentro de éste se encuentra la estética inmanente de la obra. Jauss se pregunta si en la actualidad nos enfrentamos a un cuarto paradigma y asegura que aún no se llega a esto, pero que existen las señales de una nueva crisis.

[10] Una obra contiene gran cantidad de valores; sin embargo, excepto el valor estético, los demás carecen de importancia para calificarla como obra artística. Dentro de los valores extraestéticos se encuentran, por ejemplo, la realidad o irrealidad de lo que se presenta, ideas correctas o incorrectas, valores éticos, morales, sociales, religiosos. Distinguir este tipo de valores de los estéticos resulta muy complejo, pues en muchas ocasiones no se presentan de manera independiente, sino como componentes de una construcción estética. Algunos valores de este tipo sirven para establecer las relaciones entre los personajes, o como mediadores de la acción, o como base de la composición. En ocasiones la ausencia de algún valor extraestético se convierte en factor de construcción artística, por ejemplo, se presentan hechos neutrales en un sentido ético, de manera que el lector los deduzca sin darse cuenta de que es inducido (Mukařovký, 1977: 188 y ss.).

[11] La psicología, la educación, la comunicación, etcétera, han incorporado la hermenéutica en sus investigaciones para explicar el fenómeno de interacción entre, paciente – psicoanalista; profesor – alumno; mensaje – receptor. En estas ciencias se ha hecho necesaria la fenomenología para explicar la forma en que se producen los procesos de interacción. Sobresalen dentro de estos estudios, los de Edmond Marc y Dominique Picard, como, La interacción social, cultura, instituciones y comunicación citado en la bibliografía de este trabajo y “La metodología de la interpretación” en Ideología y cultura moderna (1998), UAM-X; en este texto Jhon B. Thompson aborda algunas condiciones hermenéuticas de la investigación dirigidas a la interpretación ideológica como producto de la influencia de los medios de comunicación.

[12] La obra literaria se origina mediante los actos de creación del escritor y posee su fundamento físico en el texto a través de la escritura o por otro tipo de reproducción. El lenguaje es un estrato dual, pues contiene materia fónica y sentido, y por tanto, es un objeto intersubjetivo intencional relacionado con una comunidad de lectores. Es decir, el concepto intersubjetivo significa que la obra puede ser interpretada al mismo tiempo por dos, más, o una comunidad de personas (Ingarden, 1998).

[13] Se entiende que Hohendahl utiliza el término “oferta” como metáfora y la adopta del lenguaje de los marxistas en el sentido de ofrecer un sinnúmero de posibilidades de consumo de productos, para que “la demanda” ejercida por el público los elija como parte de su consumo; en este caso se trata de la gama significativa que ofrece el texto a los lectores.

[14] Distancia estética es el espacio que media entre el horizonte de expectativas preexistente y la aparición de una nueva obra, el concepto según su autor, aclara la forma de cómo se puede producir un cambio de horizonte, ya que un público, con su propio horizonte, puede cambiar sus juicios valorativos influido por otros nuevos.

[15] Según Jauss (1987: 70) el comportamiento estético frente al texto y desde el texto distingue el efecto como elemento de concretización proveniente del texto, y la recepción como concretización condicionada por el destinatario, no a través de una relación mecánica de interacción, sino como un proceso de fusión de horizontes.

[16] Véase Mukařovský, “Función, norma y valor estético como hechos sociales” en Escritos de semiótica y estética del arte citado en la bibliografía.

[17] La praxis convencional de la historia de la literatura en cuanto a la recepción, ha consistido en reunir y valorar las críticas. El éxito o fracaso de una obra se medía mediante la crítica, y el historiador de la literatura se ubicaba en un lugar intermedio entre autor y crítico sin poder distinguir los juicios científicos. (Vodička, 1989: 55 y ss.).

[18] Según Mukařovský (1977: 62 y s.) aunque la norma siempre implica obligación, nunca puede lograr la validez de una ley natural, ya que sería una ley natural y no una norma; la norma se puede infringir y puede existir intolerancia por parte de otras normas estéticas competidoras. Las normas estéticas cambian de acuerdo a los cambios sociales. Para el autor, función, valor y norma estética están estrechamente vinculadas y no se pueden desvincular para su estudio.

© Araceli Soní Soto. México, DF, 2005.

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